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DATOS REALES DE LA JORNADA
Distancia:
73 ,8km Velocidad
Media:
14 ,5km/h
Tiempo:
5h
04min Velocidad Máxima:
55km/h
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Parada: Molinaseca (27km, 11:15h)
- Parada: Cacabelos (49km, 13:30h)
- Parada: Vega de Valcarcel (73,8km,
17:30h)
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Crónica
Comenzamos la mañana como debe ser, desayunando adecuadamente,
dos tostadas de “a palmo” de pan de pueblo con mantequilla y mermelada,
y por supuesto el consiguiente te con limón. Nuevamente gracias
a Isabel del Albergue el Pilar por su simpatía.
Siguiendo sus instrucciones, comenzamos los dos primeros kilómetros
por la carretera, posteriormente ya nos introdujimos en el camino
de tierra que recorren los peregrinos a pie. Poco a poco y sin descanso
vamos ascendiendo, se trata de un puerto no muy exigente, simplemente
se trata de coger ritmo, si hace frío puede costar un poco
mas cogerlo. Casi sin enterarnos coronamos la Cruz de
Hierro e iniciamos un rápido y revirado descenso, se nota el
frío del día conforme coges velocidad (60-70km/h). Pasamos
por El Acebo y el monumento al ciclista.
Con el rápido descenso llegamos a Molinaseca, en La
Posada de Muriel tomamos el correspondiente te con limón
de media mañana con tostadas, por supuesto, para entrar en
calor después del frío acumulado. Una vez repuestos
y calentitos continuamos con el descenso hasta Ponferrada, merece
la pena comentar el pedazo de castillo que tienen allí. Ya
realizadas las fotos pertinentes continuamos camino. Salimos rápido
por la antigua N-VI, pasamos varios pueblos antes de poder dejar la
carretera y llegar a Cacabelos.
Cacabelos es un bonito y agradable pueblo donde nos enchufaremos
la consecuente comida, atracón, para variar, pero esta vez
con vinillo del Bierzo. Ya bien comidos, continuamos hacia Villafranca
del Bierzo y el valle que nos hará acceder a O Cebreiro. Hay
que reconocer que pasamos por bellos parajes muy parecidos en ocasiones
al Pirineo Aragonés (estamos como en casa). El tramo entre
Villafranca del Bierzo y Vega de Valcarce no tiene gran dificultad,
se recorre por andadores paralelos a la antigua N-VI bien pavimentados.
Por ello, sin grandes problemas, llegamos a las 17:30h a destino,
Vega de Valcarce donde nos refugiamos en el Albergue Municipal.
El Albergue Municipal de la localidad se encuentra muy bien atendido
por una hospitalera bien simpática que nos ofreció todas
las comodidades que tres bicicleteros, avechuchos en el camino, pueden
necesitar. |
Etapa Según la visión de Marcos ... |
“Amanece en Rabanal del Camino, como no, nos
despertamos a eso de las 7:30h y nos preparamos
para lo que se supone es la 1ª etapa dura
de las 2 que hemos de tener. La Cruz de
Hierro se levanta por encima de nuestras cabezas
como un coloso al que hay que superar.
El día anterior, conforme poníamos
en orden nuestras monturas, un oriundo del lugar
con gorra y gayata en ristre nos predice un futuro
cercano…”¡Llegareis a Ponferrada solo con
los hierros! … ¡Son 1000m de bajada!... (esto
hay que situarlo ya atardeciendo y con frío
helador, acojona).
En esas que entramos a desayunar en la cocina del
albergue (frugal desayuno hoy, hace 15 días
hubiese sido un banquete) y estaba sentado el mismo
lugareño de la tarde anterior con su gorra y
su gayata (¿Apareció por generación
espontánea?), mal presagio pensamos, llegaremos
con los hierros, es una señal.
Una vez desayunados y preparados, ni lugareño,
ni coloso, ni mariconadas, como alguno dijo se sube
casi con plato grande. Para La Cruz de
Hierro sólo hace falta encontrar tu ritmo y
para arriba. Coronamos sin demasiado esfuerzo y nos
preparamos para la supuesta escabechina del descenso.
Tras Manjarín, paramos a ver a Tomás
para que nos echara la bendición ante tanto
mal fario y el personaje templario nos la echó en
forma de sello en la credencial. Por cierto, hablamos
de regadío, de biocombustible, de agricultura
y de Los Monegros (habitual por aquella zona jejeje).
Nada mas dejar al monje templario nos dispusimos a
dar cuenta de la bajada. Ni hierros, ni meigas, ni
maldiciones…las bicicletas responden a la perfección
y nos plantamos en Molinaseca en un plis, eso si, frío
en la bajada pa parar un tren. Recordar que pasando
por El Acebo saludamos a dos peregrinos de a pie, fueron
los únicos que nos han mirado con mala cara
en todo el viaje…supongo que no les habría satisfecho
el almuerzo que se acababan de tomar ya que salían
de un bar. Tomamos el tentempié de costumbre
y nos acercamos hasta Ponferrada. Tras la visita rápida
de rigor abandonamos la localidad por la antigua N-VI
(según las indicaciones que habíamos
recopilado).
A eso de las 14h paramos a comer, parece que
no hagamos otra cosa, en Cacabelos, bonita localidad
que nos ofrece entre otras cosas poder paladear
el vino del Bierzo, que por cierto está muy
bueno. Ya recuperados del agujero estomacal, raudos
y veloces nos dirigimos hacia el final de nuestra
jornada de hoy. Nos llegamos hasta Villafranca
del Bierzo, bonito pueblo, antaño importante
(varias iglesias lo atestiguan...y eso ya se sabe)
y entrada del valle que ha de llevarnos a Galicia.
Recorremos el pueblo siguiendo las flechas del
camino y sacamos nuestras fotos (ya llevamos más
de 200).Atravesando este bonito enclave comenzamos
un ligero pero continuado ascenso a través
del valle anteriormente indicado. El Camino de
Santiago en este caso transita paralelo a la
N-VI con lo que la pendiente es perfectamente
tratable por nuestras piernas. Los enclaves que
nos muestra este valle a lo largo del recorrido
de esta etapa son fantásticos y cualquier
instantánea que se pueda mostrar no hace
justicia a los momentos vividos durante la jornada.
Tras 20km de ascenso llegamos a destino, Vega de
Valcarce.
Nos instalamos en el Albergue Municipal (muy
bien acondicionado…con mucho gusto) y vamos a tomar
una cervecita a la espera de que haga acto de presencia
la hospitalera del lugar para indicarnos las normas
de la casa (lavadora, secadora, horarios…). La
hospitalera suplente, ya que la oficial es su hermana
que según comenta esta de viaje por Madrid
dejándola a ella con el mal royo, resulta
ser una agradable jovenzuela que en un tris nos
pone en antecedentes sobre todos los vecinos del
pueblo…bares, tiendas, personas, habladurías…Nos
explica el funcionamiento del albergue y nos da
carta blanca para hacer lo que necesitemos, a nuestro
antojo. También nos recomienda donde cenar
(restaurante Las Rocas), al menos a ella es donde
menos veces le han dado mal de cenar, y además
son más simpáticos (me gustaría
ver a los otros porque el camarero de este, para
aburrir al mas pintao). Eso si, la cena estaba
muy buena, el trato correcto y el vino…sin historia…de
mesa por no ser de tetra-brik.
Después a dormir y a esperar la etapa de
O Cebreiro que será mañana. Por cierto,
nombrar a la canadiense que llevaba echando los higadillos
desde hace dos días…espero que se recupere y
acabe su camino como nosotros acabaremos el nuestro.” |
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Etapa Según la visión de Antonio ... |
“El despertador sonó a
las 7:30h, pero la gente ya rondaba por el albergue y me habían
despertado. Nada mas vestirme fuimos a desayunar, la mujer nos hizo
unas tostadas y un té con limón. Había que llenar
el cuerpo y que era la primera ascensión fuerte. La jornada
era despejada, sin una sola nube, pero el termómetro marcaba 4ºC,
la presencia del sol se agradecía.
La pendiente de subida era constante y estábamos siguiendo
la recomendación de la hospitalera. Al llegar al km 2,5 nos desviamos
a la derecha, antes habíamos dejado las peores cuestas, y empezó el
camino. Paisaje bonito con sol deslumbrante. Había alguna pendiente
dura pero se podía subir, plato pequeño, segundo o tercer
piñón. Paraba en el momento que estaba algo apurado y así bebía
algo de agua. La cumbre no se veía pero empecé a divisar
un poblado. Era el último antes del final del puerto. No tarde
en llegar, esperé a que llegaran estos y nada mas arrancar una
llamada al móvil…era Jazz, le conteste y le dije que estaba en
plena ascensión. Tras pasar por el pueblo ya sólo quedaban
los últimos kilómetros, cogimos una pista a la derecha
y hacia la Cruz. La subida en curva no permitía
ver la cumbre pero por fin se divisaba a lo lejos. Un montón de
piedras y encima un poste de madera con una cruz pequeñita de
hierro. Por supuesto unas cuantas fotos y a abrigarnos para empezar la
bajada. Arrancamos rápidos, por la carretera, que
el camino era un poco peligroso para el descenso, pero
tras unos cientos de metros volvió a aparecer
frente a nosotros una pequeña ascensión.
Las pendientes también eran fuertes, pero enseguida
se acabaron. Mas bajada, pasamos por una pequeña
posada que indicaba con flechas las distancias a distintas
ciudades (Jerusalén, Santiago…). Yo me lo pasé de
largo pero estos pararon, les saludo el posadero y
les selló. Mientras tanto, les esperaba abajo
en un rellano viendo unos paisajes impresionantes.
El caso que continuamos bajando pasando parajes increíbles
y sorteando curvas peligrosas. Paramos enseguida, porque
habíamos sudado mucho. El pueblo era Molinaseca,
muy bonito e ideal para ir de vacaciones, continuamos
hasta Ponferrada. Una ciudad con un casco antiguo muy
bonito, un castillo, la iglesia y la plaza. Allí preguntamos
a un lugareño y estos a la policía local,
nos indicaron para salir bien de Ponferrada. Salimos
por una avenida directos a coger la N-VI ,
dirección Villafranca del Bierzo. El
camino tras pasar kilómetros de carretera
se hizo algo pendiente hacia arriba, cogimos camino
y pasamos por los viñedos del Bierzo, le
hice una foto al edificio, muy moderno, y enseguida
llegamos a Cacauelos, pueblo en el que comimos
con un buen vino de la comarca. El siguiente pueblo
grande Villafranca al cual accedimos tras una fuerte
bajada, al final de la cual nos topamos con el
castillo de esta localidad. Tenía parajes
y edificios abundantes para fotografiar, hicimos
unas cuantas fotos y tras pasar el río,
por un puente medieval, cogimos carretera hasta
llegar a un andador paralelo a la carretera que
circulaba por el valle. El camino era pendiente
pero suave, al pasar por algunas zonas las corrientes
de aire eran calientes, cosa extraña, pero
bueno. Pasamos por alguna serrería de madera
y saludamos a mujeres que recogían setas
u hongos (me imagino). El caso que continuaba hacia
arriba y pronto llegamos a Vega de Valcarce, al
final de este largo pueblo estaba el Albergue Municipal.
La chica que nos atendió era muy charradora
y simpática. Tras tomar un vino volvimos al
albergue a hacer la colada, la hospitalera nos trajo
las llaves y nos dijo como funcionaba. El caso que
nos indicó esta chica donde ir a cenar. Fuimos
al sitio que nos indicó, una buena sopa de berzas
y lomo, me quede lleno, era un buen sitio para cenar.
Rápidamente volvimos al albergue, cogimos la
ropa, llamé a mi chica para desearle buenas
noches y a recoger la ropa que los demás ya
estaban durmiendo, a oscuras lo ordené todo
y a dormir (he dormido bien) que hoy espera O Cebreiro.” |
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Etapa Según la visión de Larry ... |
“Comienza la novena jornada de este Camino de
Santiago con una novedad, por primera vez he descansado
bien y de tirón y me he levantado más
tarde que los últimos tres días.
También hemos desayunado en el mismo albergue,
muy bien por cierto, dos tostadas grandes con mantequilla
y mermelada acompañadas de un te con limón.
Antes de marchar le pedimos a Isabel (la hospitalera)
que nos haga una foto a los tres en la barra del
albergue, que está con las paredes llenas
de billetes y monedas de todo el mundo. Después
una vez cargadas las alforjas nos hemos despedido
de Isabel y los madriles, que también se
disponían a salir en ese momento.
Arrancamos como nos aconsejo Isabel, por la carretera,
la subida a la Cruz de Hierro, para
luego continuarla por el camino, con bastante frío
pero con fuerzas y a la expectativa de lo que nos va
a deparar esta subida. La subida tiene trozos con bastante
pendiente y piedras, pero a la vez algún falso
llano y zonas de pendiente menor, con todo, la ascensión
se hizo bastante amena y menos dura de lo que pensábamos.
De hecho, cuando llegamos a la Cruz de
Hierro, nos pareció que aún no habíamos
coronado el puerto. Después de las fotos pertinentes
nos dispusimos a iniciar el descenso como nos había
aconsejado Isabel, por la carretera, ya que por el
camino hay mucha piedra y es muy peligroso. El
descenso por carretera discurre sin problemas,
con mucha precaución por 2 o 3 curvas y
un detalle a reseñar, conocimos a Tomás,
un caballero templario que vive y tiene un albergue
justo en la bajada de la Cruz de
Hierro, a la altura de Manjarín. Lo dicho,
el descenso estuvo muy bien pero llegamos helados
hasta un pueblo precioso llamado Molinaseca, donde
parecía que había habido fiesta (ya
que aún tenían los banderines colgados
desde agosto). Allí aproveche para comprarme
una muñequera (ya que me volvía a
dar molestias la muñeca) y Fastum Gel en
una farmacia. Luego desayunamos muy bien en La
Posada de Muriel.
Una vez alimentados y entrados en calor, seguimos
ruta hasta llegar a un pueblo llamado Cacabelos, donde
comimos muy bien acompañados de un buen vino
de la denominación de origen del Bierzo (ya
vamos incluyendo en la dieta alguna que otra sopica).
Bien comidos, seguimos ruta para llegar como habíamos
previsto a Vega de Valcarce. Una vez llegados a la
zona del Río Valcarce el paisaje va mejorando
paulatinamente. Prácticamente los últimos
kilómetros desde Villafranca del Bierzo los
hicimos por un andadero. Destacar el pueblo de Villafranca
del Bierzo, grande y muy bonito. Llegamos a las 17:30h
a la Vega de Valcarce donde hace
mucho frío. Llegamos hasta el albergue
donde una nota nos dice que la hospitalera está trabajando
y llegará a las 19:30h (hora en la que sale
de trabajar de la farmacia del pueblo). Nos instalamos,
duchamos y fuimos a tomar algo hasta que llegara
Alba, así se llamaba la hospitalera. Era
una chica muy simpática y guapa que suplía
a su hermana por vacaciones, y no quería
complicarse la vida. Con lo que nos enseñó como
funcionaban la lavadora y la secadora, y nos dejo
todo abierto. Nos dijo que no teníamos hora
límite de volver por la noche, y que por
la mañana vendría a limpiar a las
8:45h con lo que nos daría tiempo de sobras
de dormir y levantarnos un poquito mas tarde. Nos
recomendó cenar en Las Rocas porque aunque
los dos restaurantes son familia suya, este parece
ser que era más simpático, no queremos
pensar como sería el antipático.
La cena fue de cine, con música celta de
fondo, una sopa caliente y unas costillas con patatas
como no he probado en mi vida, acompañadas
de un buen vino de la tierra. Destacar la presencia
en el albergue de una chica canadiense que llevaba
dos días enferma, y una familia completa
neocelandesa (Los Robinsones Suizos). ” |
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